miércoles, 11 de abril de 2018

EXPOSICIÓN MUJERES EN LA LITERATURA INFANTIL BIJRD


La Vicepresidenta de la República, Dra. Margarita Cedeño, entrega a la escritora Lucía Amelia Cabral su caricatura original, durante la inauguración de la exposición «Mujeres en la literatura infantil», en la Biblioteca Infantil y Juvenil República Dominicana

martes, 3 de abril de 2018

TE QUIERO, JUAN, cuento de Lucía Amelia Cabral


Hijo de la harina y del agua, Juan hacía honor a esa sencillez propia de todos los suyos. Así era, mas a decir verdad no por ello dejaba él de enredarse a veces en unas historias algo complicadas.
Fue una tarde, cuando aún nubes blancas en el cielo había, que por vez primera sus preocupaciones él me refirió.
Pero si es necesario el orden de las cosas respetar, este cuento, y con él todos los cuentos que existen, por su justo principio ha de comenzar.
Juan, mi gran amigo el pan de agua, nació en horno de leña que tenía fama tan notable que más allá del vecindario trascendía. Crecido de buena levadura y unas piezas de sal, desde muy temprano demostró Juan ser inteligente a corteza cabal. Lo que se llama ingenio, esa magia especial para entender, le sobraba a él. Y, sin embargo, había la ocasión cuando su habilidad para pensar, más bien para inventar inconformidades la empleaba Juan.
Y aceptarlo yo no podía. ¡Todo me parecía mucha bellaquería de Juan!
—¡Ay! —con ardor exclamaba él sudoroso hasta el colmo de su rayita central, —¡Pan y miel, eso sí la vida no es!
Realmente esfuerzos en lamentarse a sacos llenos desperdigaba Juan.
—No es que sea exagerado yo. No, no, ¡No! —Argumentaba él —Sé bien que en mí no escasea la razón.  —Y arreciando la fuerza de su voz, entonces Juan agregó:
—Ya un pan de agua es nada, no vale más que migaja. Lo que se dice respeto, admiración, aprecio por nosotros, todo ello hace rato el mundo voraz se lo comió.
—Y por eso henos aquí, a mí y a todos mis congéneres, flacos de oportunidades y pobres de afecto compartido. ¡Ay, nunca me cansaré de repetirlo: pan y miel la vida no es!
Su lamento, a mí profundamente me conmovía. Mucho sus palabras me inquietaban. Pero, para ser sincera, a comprenderlo del todo no alcanzaba yo.
Mientras, Juan no detenía su queja, ni tampoco sus pies. Tanto era así, que de momento pensaba yo que era un raro afán de pan ambulante lo que le animaba a él. Dale que dale, caminaba y caminaba el pedacito de calzada frente a la puerta de la casa mía.
Gastando sin misericordia sus zapatos blancos, parecía que Juan a ninguno de sus dos pies podría parar.
—Mentira yo jamás he sabido hablar, —con vibrante insistencia proseguía Juan. —Si alguien no me puede entender, que me acompañe a la panadería para que raudo compruebe la verdad de mi decir.
—Crecer, sí, cuánto ha crecido nuestro país, —proclamaba mi pan amigo, curvando en alto ambos brazos enardecidos. —Y pregunto yo, ¿con qué propósito? ¡Sólo para quedarnos pequeños a nosotros!
—No entiendo —interrumpiendo finalmente el hilván de su discurso, con firmeza le repuse despacito.
—Estas cosas tuyas, Juan no entiendo yo. No entiendo tu enojo. Ni tampoco a nuestro país tus reproches. De verdad, pancito amigo, en mí no cala el justo sentido de tus palabras.
—¿Cómo? —azorado me fustigó Juan. —¿Acaso tendrá lo evidente que armarse de muchas aclaraciones? ¡Que no comprendes! Y alzando con brío su puño derecho exclamó:
—¡Santa Harina de Dios, cómo me decepcionas tú!
Ya definitivamente perdida la calma, Juan a seguidas se exasperó:
—¡Entre el redondo pan árabe y el larguísimo francés, cuánta desconsideración! Los panes de pasa, de leche y de mantequilla, las medialunas, los rellenos de queso y jamón, de crema y de chocolate, —con atropellada fuerza seguía apuntándome Juan, —las teleras, el pan negro, el de papa y el de maíz..., fundas van y fundas vienen con panes de todas nacionalidades, clases, tamaños ¡y hasta galletas de ajo y también de ajonjolí!
Y así las cosas, duramente me interrogó:
—¿Crees tú que a nosotros un espacio importante en el mostrador de la vida nos dan? ¡Qué va! La realidad no es otra que un cartel irrespetuoso y vulgar anunciando que aún nos venden por tres o cuatro pesos, no más.

—Dices verdad, Juan, —intervine entonces yo, fijos mis ojos oscuros en su mirada. —Algo grave, demasiado grave contigo y los tuyos acontece. ¡Qué peligroso es el peligro, Juan! Te aseguro que se vuelve gigante mi temor. Porque estoy convencida, tan convencida como la distancia de tu lejanía que… ¡El buen juicio tú enterito lo has perdido! Y en chucherías, es en chucherías mentales, que estás entretenido ¿Será acaso que solo con baratijas entusiasmas de fuerza tu corazón? Juan, pancito mío, te lo ruego. Escúchame bien. ¿Cómo pretendes tú que los demás guarden para ti un sitio especial si tú mismo desconoces cuál es la grandeza de tu lugar? ¿No será que de repente se te han encogido los deseos de compartir y perezosa tu memoria, olvidas, pan amigo, que únicamente si sabes a ti mismo apreciar, podrás el aprecio de los demás recibir.
Por último le añadí:
—¡Qué ingrato, Juan es tu discernir!

De pronto a Juan se le volvió miga la elocuencia, Juan calló. Hasta su piel tostada se ablandó. Yo también hice silencio, mientras crecían en mí unas ganas muy grandes de abrazarle. En eso, dulce como un pan de azúcar, el alma se le hizo sonrisa. Y sucedió. Yo me di cuenta. Juan, aquella tarde del mes de julio, entendió.
Fin


jueves, 9 de febrero de 2017

Lucía Amelia Cabral, Trayectoria por Ramón Saba

Nació en Santo Domingo el 1 de febrero de 1949. Su apellido materno es Arzeno.

 Escritora, editora, abogada, animadora cultural y cuentista infantil. Egresada con mérito Summa Cum Laude de la Escuela de Servicios Internacionales de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña. Miembro fundador del Circulo Dominicano de Escritores para Niños y Jóvenes.

Fue la coordinadora pionera del Área Infantil de la Feria Internacional del Libro en su primera versión, además de otras versiones posteriores también. Ha sido jurado en repetidas ocasiones, del  Premio Anual de Literatura  Aurora Tavárez Belliard, que organiza el Ministerio de Cultura, y del Premio Delia Quezada del concurso Por mi país primero de la Sociedad Cultural Renovación, así como de numerosas convocatorias literarias, a nivel de adultos y niños. Por sus manos han desfilado decenas de obras para ser editadas, mientras laboraba en Tolle, Lege, Ediciones EDV y sobre todo Ediciones Infantiles Dominicanas. Incursionó exitosamente en la televisión nacional, con el programa infantil Hay tanto que compartir. Ha sido disertante tanto en el país como en el extranjero (Universidad de San Francisco en California, Buenos Aires, Lisboa y Bruselas, entre otros).

 La bibliografía de Lucía Amelia Cabral cuenta con llamativos títulos, que hacen juego con el maravilloso mundo que guarda en sus adentros y que no vacila en dejar salir. En el género del cuento ha escrito las obras Hay cuentos que contar; Gabino; Sorprendido el plátano; El camino de Libertad; Carmelo;  Mi abecedario; Dime tú, qué digo yo; Soy el río; De cuando nació el Niño Dios y Cosquillas en el corazón.  Sus cuentos aparecen en ediciones colectivas, nacionales y extranjeras. En el género de la poesía Un puñito tuyo, y en ensayo La literatura para niños y jóvenes en la República Dominicana.

 Entre sus múltiples reconocimientos podemos señalar haber obtenido un primer premio por su obra Hay cuentos que contar, merecedor del primer lugar en el Primer Concurso Nacional de Literatura Infantil, auspiciado por el Banco Condal Dominicano. Joven Sobresaliente Jaycees 1976, reconfirmada como tal a los 25 años de haber recibido el honor por primera vez.  En múltiples ocasiones ha sido invitada a participar en congresos internacionales de literatura y medios audiovisuales para niños en Estados Unidos. Sus cuentos han sido narrados en la radio de España y Cuba; algunos de cuales han sido adaptados para ballet y teatro.

 La poeta y escritora Leibi Ng confiesa que no sabe añadirle más que su cariño a la fuerza que adentro la hace admirar la originalidad de Lucía Amelia Cabral.  Su manera de pensar y de escribir tan tierna y niña, tan dulce como un piñonate, tan lógica como el horizonte y tan soñadora como las nubes rosadas. Su sintaxis es como su ADN, que el orden de sus palabras en las oraciones es de su propiedad, tan suya como su estilo lírico, mágico, lúcido. Ella ve el alma de las cosas y de los seres vivos, desde escobas, piedras, amaneceres, frutas y ovejas… y agrega que la pone triste pensar que el tiempo en que será apreciada masivamente Lucía Amelia, es en el futuro y mientras tanto, los niños dominicanos se pierden de sus cuentos, excelentes medios para aumentar su sensibilidad, su natural agudeza y el sentido de la vida en los hechos cotidianos.

 Por otra parte, la escritora de textos infantiles Rosa Francia Esquea es de opinión que Lucía Amelia Cabral es un referente obligado en nuestra literatura para niños. Sus textos, delicados y bellos, te enamoran y aún más: te invitan a querer escribir. Sus obras están llenas de imágenes literarias, pero a la vez son de fácil lectura y te van envolviendo con sus argumentos que una vez que el libro llega a tus manos no puedes soltarlo.

Y esto se aplica a todo lo que escribe, no solo para la gente menuda, sino a otras exposiciones. Particularmente tuve el privilegio de que ella presentara mi cuento “Las mariposas” y de que escribiera un hermoso mensaje cuando murió mi madre. Ella es maravillosa.

 Finalmente, la intelectual Aida Bonnelly de Díaz estima que la producción literaria de Lucía Amelia Cabral está avalada por una creatividad nata y el mensaje del lenguaje con gracia y personalidad. Su obra no es muy extensa pues su dedicación al trabajo de impresión y diseño, colman diariamente su tiempo laborable disponible.

Trabajo que dicho sea de paso, sólo ella con su singularidad agrega a cada encargo, gracia y distinción, asegurándose que no habrá en el mercado de impresos nada que lo iguale. Para resumir las cualidades de Lucía Amelia, bastaría con oírla leer un texto con las modulaciones de su voz articulada, con melodía y encanto, porque esas cualidades respaldan al unísono la calidad la calidad de su escritura. En ambas actividades sobresale la femineidad evidente y auténtica, volcada hacia juventud y niñez.

 Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS reafirmando lo expresado por las distinguidas y autorizadas voces que me precedieron comentando este artículo. Definitivamente, la ternura que emana de los labios, los gestos y la pluma de Lucía Amelia Cabral, son un referente obligado cuando se habla de literatura infantil y juvenil en la República Dominicana, como se puede apreciar en un relato suyo que anexamos a continuación:

 La hormiga y el perrito                 


 Un perrito blanco y negro entabló conversación con una hormiga.

 La chiquita hormiga era muy parlanchina. Tan parlanchina que aceleradamente agotó todos los temas de que podía dar opinión.

 Por eso esta breve anécdota que lo cuenta se tiene que acabar aquí.  Ciertamente, no le queda otro remedio.

 Porque, si hemos aprendido de la hormiga amiga, más vale que callemos cuando nada importante tenemos que decir.

Lucía Amelia Cabral

http://www.elnuevodiario.com.do/app/article.aspx?id=501374

martes, 6 de enero de 2015

Las mariposas de Rosa Francia Esquea: Aporte al presente y futuro del país

Noviembre es más que treinta días, es un espacio de una entrañable carga emocional. Dintel de la despedida del año, es el mes de la música y de la familia, de la no violencia contra la mujer, aniversario del nacimiento a la eternidad de las Mirabal.

Conmueve que saludemos el esfuerzo de una mujer de luz, sin derrotas, creativa y laboriosa. Artesana del bien, baluarte ético de lo mejor dominicano, Rosa Francia Esquea.

Rosa Francia lo sabe y yo también. Cuando un artista notable ilustra un libro infantil el cielo bibliográfico se regocija y los niños ganan por partida doble. Es el caso de  Las mariposas. La niña Camila, en el texto de Rosa Francia, se refiere maravillada a la belleza de las mariposas, exclamando que parecen sus alas pintadas por un artista. ¡Anhelo cumplido! Las mariposas de Rosa Francia y Camila son las mariposas de Amaya Salazar, complicidad de amistad capaz de volar más de cuatro mil kilómetros.

Talento y genio el de Amaya. Su maestría del trazo y el color, su sublimidad del pastel en un mundo mágico y verdadero de alas y palmeras, desbordan inteligencia espiritual.

Conocí Las mariposas de Rosa Francia Esquea de cara a uno de los más importantes certámenes literarios nacionales, Por Nuestro País Primero, con domicilio de mar y montaña en Puerto Plata, ocasión cuando  tuve el privilegio de formar parte del jurado. Recuerdo que, al motivar entonces mis palabras de salutación a los primeros ganadores, me referí al trabajo de Rosina, que incluía el texto que nos ocupa junto con otros diecinueve relatos, anotando yo su plataforma amistosa, de horizonte despejado, y aire fresco, varada en la consistencia, insistente en desarrollar el optimismo.

Todo autor es propietario de un imaginario interlocutor, No cuesta adivinar que Rosa Francia ha escrito esta historia impulsada por el deseo de una humanidad feliz.  

Efectivamente, nos toma de la mano para enseñarnos cómo transformar  un tema lacerante en vuelo triunfante, tema escabroso cuya trabajadora literaria convierte en un texto sin rebuscamiento, sin complejidades, de fácil comprensión.  Para contar, para invitar a los demás a ver con nosotros el otro lado del arco iris, se necesita conocer bien lo que se quiere contar, adentrarse en la historia haciéndola suya, crecer con ella, volver a nacer con ella y en ella, con acta de nacimiento propia la historia ajena. Rosa Francia hace esta metamorfosis. Torna la tragedia, el espanto, el tiempo detenido en heredad de porvenir. De la muerte vuelve a construir el milagro misterioso de la vida.  Habla la verdad y la enrumba, cual prometido vuelo de mariposas.

La historia de las mariposas, sea la de Rosa Francia, Don Pedro Mir, Julia Álvarez, por mencionar escasamente algunos, es una aseveración portentosa, es un estandarte sin tiempo. Denuncia y proclama, el terror no puede con el temple y la vergüenza. La unión derriba los muros del miedo. La sangre no desangra la conciencia. Y cual mandato místico, la valentía fulmina el infierno.

Es ese el gran valor de la obra de Rosa Francia. Acerca a nuestros chiquitos a la historia, a la lectura, con su bagaje lúdico que también exhibe una flamante mochila educativa. Se trata de un texto idóneo para el aula. Cómo soslayar su exhortación a los valores patrios, a la solidaridad, a la compasión, a la libertad.  Su contenido didáctico obliga a desear que se multiplique su presencia en la escuela, en entregas ora en Cívica, ora en Historia Dominicana, en Ciencias, Medio Ambiente, en Arte.

Se trata, repito, de un texto idóneo, para gozar además en familia, alrededor de su discurso anhelante, por los encargos del bien hacer, motivándonos a insertarnos en el inventario de sueños que tenemos pendiente alcanzar. Gran aporte para el presente y el futuro de un país que hoy se debate entre el fracaso de los ideales y el reino de los desalmados, donde la usura se ha apropiado de la buenhomía y al espanto y al dolor hay que tejerle una red, con la convicción, la fuerza y la unión de las mariposas.

Fue dicho, casi en la Víspera de la Navidad, en esa fecha en que los niños dominicanos recibieron Las Mariposas de Rosa Francia Esquea. Los sueños son más poderosos que los hechos. La esperanza siempre triunfa. Y la fuerza del amor traspasa la muerte.

http://hoy.com.do/las-mariposas-de-rosa-francia-esqueaaporte-al-presente-y-futuro-del-pas/

sábado, 20 de septiembre de 2014

Infantes comparten con escritora Lucia Amelia Cabral

Una niña lee la semblanza de la autora.
SANTO DOMINGO.- Decenas de niñas y niños, acompañados por sus padres, participaron en el tradicional “Encuentro con Escritores”, que organiza la Biblioteca Infantil y Juvenil República Dominicana (BIJRD) para compartir experiencias con autores de distintos géneros.

En esta oportunidad participó la escritora infantil Lucia Amelia Cabral, quien compartió con los y las asistentes técnicas de promoción de lectura y fragmentos de su libro Carmelo, de la colección Diente de Leche.

La actividad se realizó en la Sala de la Imaginación, donde la autora también motivó a los padres a acompañar a sus hijos en el mundo de la lectura, instrumento que aseguró ayudará en la formación de los pequeños.

Lucia Amelia Cabral fue la escritora invitada en la Sala de la Imaginación

“La lectura desde pequeños ayuda a tener mejores ciudadanos. Y es deber de los padres el inculcarle a sus hijos el hábito de leer, porque les ayudará a tener familias más felices”, agregó la escritora infantil.

Al concluir el encuentro, la directora de la Biblioteca Infantil y Juvenil República Dominicana, agradeció la presencia de la autora, anunció que la biblioteca será el espacio donde se pondrán en circulación de sus nuevas obras.
Lucía Amelia comparte lectura de su libro "Dime tú que digo yo".
Lucía Amelia Cabral es una escritora dominicana, egresada de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, fundadora del Círculo Dominicano de Escritores para niños y jóvenes.

Sus cuentos han sido adaptados para teatro y ballet, además de que han sido narrados por la radio en España, Cuba y llevados a la televisión en Suecia y Alemania.

Fuente: http://vicepresidencia.gob.do/vice/infantes-comparten-con-escritora-lucia-amelia-cabral/



miércoles, 3 de septiembre de 2014

La palabra y la fantasía por Lucía Amelia Cabral

  
http://pedrogenaro.blogspot.com/2013_03_01_archive.html
Tempranito cada mañana, el sol luminoso toca a mi puerta. Entra y conmigo se mete en la cama.  -Contemos hasta 10, me dice y, antes de concluir, ya se ha ido él.
           A atender su trabajo, raudo el sol se va. Su partida desconcierta mi pereza y en un instante me alzo sin rechistar. Así sucede cada nueva alborada.  La encendida visita del sol me provoca levantarme presto como él.  Es la suya una invitación fascinante.  De este a oeste me permite descubrir tantos motivos para sentirme feliz, como sucede este domingo encargado de despedir el mes de agosto y de reunirnos a propósito de la literatura para niños y jóvenes. 
          Saludo agradecida la iniciativa que dos bastiones de la cultura en nuestro país, Verónica Sencion e Ylonka Nacidit-Perdomo, me han deparado.  Saludo agradecida a los miembros de la mesa que presiden la apertura de este acto de palabras, fantasía y amistad.  Saludo con emoción a los niños que leerán en esta jornada, a ellos y también a los demás niños que tal vez precisamente hoy conocerán algún amiguito nuevo entre personajes y afanes que viven  comodísimos en las páginas de los libros.  Saludo al amable público que testimonia que el recinto, el espacio y su volumen, lo hace uno.  El centro comercial es una convocatoria interesante y particular, en su estructura gigante de elevadores y escaleras eléctricas caben tantas cosas, el pasilleo, las bellas vitrinas, la compra, las buenas obras, el arte, en fin, la vida misma que se construye y expresa a través de la palabra. 
        Somos en la medida en que somos dueños de la palabra.  La palabra nos reúne en el lenguaje de los seres humanos. Por la palabra nos diferenciamos de los animales, nos comunicamos y nos entendemos.
         La criatura nace al mundo con un primer instinto:  descubrir a la mujer que durante nueve meses públicamente infló su espera.  Refugiado en su pecho, el niño aprende su olor, identifica su voz y poquitos días después la nombra mamá.  La voz de la madre en esos tibios primeros meses es el vestido dulce de la palabra. 
            El niño que tiene el privilegio de crecer bajo la sombra del árbol de la palabra, que sus ramas trepa con acróbatas travesuras, que en su tronco escribe sus iniciales y la fecha, que con ese árbol y los amigos comparte la efervescencia de las curiosidades primeras, el niño que camina los ríos, las ciudades y la vía láctea con su árbol de palabras plantado en sus manos y mirada, se espiga y fortalece.  Con el tránsito de los días se reafirma ser humano de alma y armadura.
            Porque la palabra, meticulosa geografía de significados, es la meta del pensamiento, de los sentimientos, de la imaginación, la intención y la acción, de la confianza, la entrega, la caridad, en el marco de la patria de nuestro idioma amado.
             La palabra es un símbolo y la humanidad vive de símbolos.  Su peso es portentoso, determinado por el peso espiritual del anhelo. Columpio, familia, trompo, cuaderno y pupitre, eso y más ha de ser la palabra, en mar tranquilo y cielo claro.  La palabra significa conquista diaria.  La limpia camisa blanca bien planchada, la cayena florecida, el arroz con habichuela y el ramillete de mangos aromáticos. 
            Escribir es amar la palabra. Es hacerme del mundo desde otra perspectiva, a través de mis espejuelos de realidad, insatisfacciones y quimeras.  Es jugar ambos-a dos con la fantasía que invariablemente nos deslumbra, con su carga risueña y pizpireta, y felizmente nos conmina a elegir el optimismo como fórmula imbatible para desenrollar los días. 
            Alguien ha apuntado que la imaginación, leámoslo la fantasía, es más importante que el conocimiento.  El conocimiento es limitado, lógico, sobrio, comprobable.  La fantasía, en cambio, es inagotable, alucinante, ni de carne ni de hueso, sino de aliento multicolor. 
             ¡No hay vida sin fantasía!  Cómo no leer el mensaje escondido de la lluvia en los charcos de agua, cómo desconocer que Coralina, mi querida ballena, regresa cada febrero a Samaná por las ganas grandes de volver a degustar unos bollitos de yuca, seguidos de maduros nísperos, que la florecita rosada se lastimó un pétalo y el Dr. Helecho la curó con esmero, que Caracolita casó con Caballito de la Mar a las seis de la tarde en la Capilla del Arrecife.
            Comparto esta mañana, una vez más, lo que ya he dicho antes, que…. Cuando vi una batata de morena cáscara cantando bachata…  Cuando vi un aguacate llorar porque quería ser esbelto y de pequeña semilla…  Cuando el olor de las cebollas se transformó en perfume de sandía, cuando las piñas decidieron vestir su cabeza con extraño sombrero…  Cuando las mazorcas de maíz, en fila, se inscribieron en la escuela…  Cuando los huevos dejaron de ser frágiles y los limoncillos se declararon cuadrados…  Cuando las naranjas sabían a toronja, las toronjas a limón y los limones a naranja…  Sin sorprenderme hasta vi las berenjenas cambiar de nombre, vi volar a las auyamas y vi a las remolachas tornarse amarillas.
            Entonces entendí que el mundo es de verdad y de mentira, que es casi lo mismo al derecho que al revés, que lo que es ya fue y lo que será también.
            La palabra afirma y nos reafirma.  Dueña de todos los caminos, celosa de su destino innegociable, la palabra es libertad.  Mientras, la fantasía, que ignora nuestra condición de isla, nos regala el planeta entero y, según la ocasión, nos coloca alas o calza zapatos, nos viste de nubes o nos viste de  estrellas, tal vez, además, con  peces en el pelo.
            Muchas gracias por este día del 2014 que para siempre guardaré inscrito como inmensa sorpresa inolvidable.








LUCIA AMELIA CABRAL  A Lucia Amelia le hace feliz pregonar que es dominicana, que ama su país, que fue el de sus padres, tíos, abuelos, bisabuelos, y más allá en la fila de sus antepasados.  Es la patria además de su esposo, hijos, nietos y hermanos, de su cotidianidad, su trabajo y sus sueños.  Su encantamiento con la literatura para niños es responsable de su más vital entusiasmo.  Ha publicado hay cuentos que contar (1977), Gabino (1979), Sorprendido, el plátano  (1984), dos ediciones de El camino de Libertad (1999 y 2011), Carmelo (2002), Mi Abecedario (2011), Dime tú, que digo yo (2011) y Soy el rio (2011), además de sus cuentos andar sus propios caminos en ediciones colectivas.