martes, 6 de enero de 2015

Las mariposas de Rosa Francia Esquea: Aporte al presente y futuro del país

Noviembre es más que treinta días, es un espacio de una entrañable carga emocional. Dintel de la despedida del año, es el mes de la música y de la familia, de la no violencia contra la mujer, aniversario del nacimiento a la eternidad de las Mirabal.

Conmueve que saludemos el esfuerzo de una mujer de luz, sin derrotas, creativa y laboriosa. Artesana del bien, baluarte ético de lo mejor dominicano, Rosa Francia Esquea.

Rosa Francia lo sabe y yo también. Cuando un artista notable ilustra un libro infantil el cielo bibliográfico se regocija y los niños ganan por partida doble. Es el caso de  Las mariposas. La niña Camila, en el texto de Rosa Francia, se refiere maravillada a la belleza de las mariposas, exclamando que parecen sus alas pintadas por un artista. ¡Anhelo cumplido! Las mariposas de Rosa Francia y Camila son las mariposas de Amaya Salazar, complicidad de amistad capaz de volar más de cuatro mil kilómetros.

Talento y genio el de Amaya. Su maestría del trazo y el color, su sublimidad del pastel en un mundo mágico y verdadero de alas y palmeras, desbordan inteligencia espiritual.

Conocí Las mariposas de Rosa Francia Esquea de cara a uno de los más importantes certámenes literarios nacionales, Por Nuestro País Primero, con domicilio de mar y montaña en Puerto Plata, ocasión cuando  tuve el privilegio de formar parte del jurado. Recuerdo que, al motivar entonces mis palabras de salutación a los primeros ganadores, me referí al trabajo de Rosina, que incluía el texto que nos ocupa junto con otros diecinueve relatos, anotando yo su plataforma amistosa, de horizonte despejado, y aire fresco, varada en la consistencia, insistente en desarrollar el optimismo.

Todo autor es propietario de un imaginario interlocutor, No cuesta adivinar que Rosa Francia ha escrito esta historia impulsada por el deseo de una humanidad feliz.  

Efectivamente, nos toma de la mano para enseñarnos cómo transformar  un tema lacerante en vuelo triunfante, tema escabroso cuya trabajadora literaria convierte en un texto sin rebuscamiento, sin complejidades, de fácil comprensión.  Para contar, para invitar a los demás a ver con nosotros el otro lado del arco iris, se necesita conocer bien lo que se quiere contar, adentrarse en la historia haciéndola suya, crecer con ella, volver a nacer con ella y en ella, con acta de nacimiento propia la historia ajena. Rosa Francia hace esta metamorfosis. Torna la tragedia, el espanto, el tiempo detenido en heredad de porvenir. De la muerte vuelve a construir el milagro misterioso de la vida.  Habla la verdad y la enrumba, cual prometido vuelo de mariposas.

La historia de las mariposas, sea la de Rosa Francia, Don Pedro Mir, Julia Álvarez, por mencionar escasamente algunos, es una aseveración portentosa, es un estandarte sin tiempo. Denuncia y proclama, el terror no puede con el temple y la vergüenza. La unión derriba los muros del miedo. La sangre no desangra la conciencia. Y cual mandato místico, la valentía fulmina el infierno.

Es ese el gran valor de la obra de Rosa Francia. Acerca a nuestros chiquitos a la historia, a la lectura, con su bagaje lúdico que también exhibe una flamante mochila educativa. Se trata de un texto idóneo para el aula. Cómo soslayar su exhortación a los valores patrios, a la solidaridad, a la compasión, a la libertad.  Su contenido didáctico obliga a desear que se multiplique su presencia en la escuela, en entregas ora en Cívica, ora en Historia Dominicana, en Ciencias, Medio Ambiente, en Arte.

Se trata, repito, de un texto idóneo, para gozar además en familia, alrededor de su discurso anhelante, por los encargos del bien hacer, motivándonos a insertarnos en el inventario de sueños que tenemos pendiente alcanzar. Gran aporte para el presente y el futuro de un país que hoy se debate entre el fracaso de los ideales y el reino de los desalmados, donde la usura se ha apropiado de la buenhomía y al espanto y al dolor hay que tejerle una red, con la convicción, la fuerza y la unión de las mariposas.

Fue dicho, casi en la Víspera de la Navidad, en esa fecha en que los niños dominicanos recibieron Las Mariposas de Rosa Francia Esquea. Los sueños son más poderosos que los hechos. La esperanza siempre triunfa. Y la fuerza del amor traspasa la muerte.

http://hoy.com.do/las-mariposas-de-rosa-francia-esqueaaporte-al-presente-y-futuro-del-pas/

sábado, 20 de septiembre de 2014

Infantes comparten con escritora Lucia Amelia Cabral

Una niña lee la semblanza de la autora.
SANTO DOMINGO.- Decenas de niñas y niños, acompañados por sus padres, participaron en el tradicional “Encuentro con Escritores”, que organiza la Biblioteca Infantil y Juvenil República Dominicana (BIJRD) para compartir experiencias con autores de distintos géneros.

En esta oportunidad participó la escritora infantil Lucia Amelia Cabral, quien compartió con los y las asistentes técnicas de promoción de lectura y fragmentos de su libro Carmelo, de la colección Diente de Leche.

La actividad se realizó en la Sala de la Imaginación, donde la autora también motivó a los padres a acompañar a sus hijos en el mundo de la lectura, instrumento que aseguró ayudará en la formación de los pequeños.

Lucia Amelia Cabral fue la escritora invitada en la Sala de la Imaginación

“La lectura desde pequeños ayuda a tener mejores ciudadanos. Y es deber de los padres el inculcarle a sus hijos el hábito de leer, porque les ayudará a tener familias más felices”, agregó la escritora infantil.

Al concluir el encuentro, la directora de la Biblioteca Infantil y Juvenil República Dominicana, agradeció la presencia de la autora, anunció que la biblioteca será el espacio donde se pondrán en circulación de sus nuevas obras.
Lucía Amelia comparte lectura de su libro "Dime tú que digo yo".
Lucía Amelia Cabral es una escritora dominicana, egresada de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, fundadora del Círculo Dominicano de Escritores para niños y jóvenes.

Sus cuentos han sido adaptados para teatro y ballet, además de que han sido narrados por la radio en España, Cuba y llevados a la televisión en Suecia y Alemania.

Fuente: http://vicepresidencia.gob.do/vice/infantes-comparten-con-escritora-lucia-amelia-cabral/



miércoles, 3 de septiembre de 2014

La palabra y la fantasía por Lucía Amelia Cabral

  
http://pedrogenaro.blogspot.com/2013_03_01_archive.html
Tempranito cada mañana, el sol luminoso toca a mi puerta. Entra y conmigo se mete en la cama.  -Contemos hasta 10, me dice y, antes de concluir, ya se ha ido él.
           A atender su trabajo, raudo el sol se va. Su partida desconcierta mi pereza y en un instante me alzo sin rechistar. Así sucede cada nueva alborada.  La encendida visita del sol me provoca levantarme presto como él.  Es la suya una invitación fascinante.  De este a oeste me permite descubrir tantos motivos para sentirme feliz, como sucede este domingo encargado de despedir el mes de agosto y de reunirnos a propósito de la literatura para niños y jóvenes. 
          Saludo agradecida la iniciativa que dos bastiones de la cultura en nuestro país, Verónica Sencion e Ylonka Nacidit-Perdomo, me han deparado.  Saludo agradecida a los miembros de la mesa que presiden la apertura de este acto de palabras, fantasía y amistad.  Saludo con emoción a los niños que leerán en esta jornada, a ellos y también a los demás niños que tal vez precisamente hoy conocerán algún amiguito nuevo entre personajes y afanes que viven  comodísimos en las páginas de los libros.  Saludo al amable público que testimonia que el recinto, el espacio y su volumen, lo hace uno.  El centro comercial es una convocatoria interesante y particular, en su estructura gigante de elevadores y escaleras eléctricas caben tantas cosas, el pasilleo, las bellas vitrinas, la compra, las buenas obras, el arte, en fin, la vida misma que se construye y expresa a través de la palabra. 
        Somos en la medida en que somos dueños de la palabra.  La palabra nos reúne en el lenguaje de los seres humanos. Por la palabra nos diferenciamos de los animales, nos comunicamos y nos entendemos.
         La criatura nace al mundo con un primer instinto:  descubrir a la mujer que durante nueve meses públicamente infló su espera.  Refugiado en su pecho, el niño aprende su olor, identifica su voz y poquitos días después la nombra mamá.  La voz de la madre en esos tibios primeros meses es el vestido dulce de la palabra. 
            El niño que tiene el privilegio de crecer bajo la sombra del árbol de la palabra, que sus ramas trepa con acróbatas travesuras, que en su tronco escribe sus iniciales y la fecha, que con ese árbol y los amigos comparte la efervescencia de las curiosidades primeras, el niño que camina los ríos, las ciudades y la vía láctea con su árbol de palabras plantado en sus manos y mirada, se espiga y fortalece.  Con el tránsito de los días se reafirma ser humano de alma y armadura.
            Porque la palabra, meticulosa geografía de significados, es la meta del pensamiento, de los sentimientos, de la imaginación, la intención y la acción, de la confianza, la entrega, la caridad, en el marco de la patria de nuestro idioma amado.
             La palabra es un símbolo y la humanidad vive de símbolos.  Su peso es portentoso, determinado por el peso espiritual del anhelo. Columpio, familia, trompo, cuaderno y pupitre, eso y más ha de ser la palabra, en mar tranquilo y cielo claro.  La palabra significa conquista diaria.  La limpia camisa blanca bien planchada, la cayena florecida, el arroz con habichuela y el ramillete de mangos aromáticos. 
            Escribir es amar la palabra. Es hacerme del mundo desde otra perspectiva, a través de mis espejuelos de realidad, insatisfacciones y quimeras.  Es jugar ambos-a dos con la fantasía que invariablemente nos deslumbra, con su carga risueña y pizpireta, y felizmente nos conmina a elegir el optimismo como fórmula imbatible para desenrollar los días. 
            Alguien ha apuntado que la imaginación, leámoslo la fantasía, es más importante que el conocimiento.  El conocimiento es limitado, lógico, sobrio, comprobable.  La fantasía, en cambio, es inagotable, alucinante, ni de carne ni de hueso, sino de aliento multicolor. 
             ¡No hay vida sin fantasía!  Cómo no leer el mensaje escondido de la lluvia en los charcos de agua, cómo desconocer que Coralina, mi querida ballena, regresa cada febrero a Samaná por las ganas grandes de volver a degustar unos bollitos de yuca, seguidos de maduros nísperos, que la florecita rosada se lastimó un pétalo y el Dr. Helecho la curó con esmero, que Caracolita casó con Caballito de la Mar a las seis de la tarde en la Capilla del Arrecife.
            Comparto esta mañana, una vez más, lo que ya he dicho antes, que…. Cuando vi una batata de morena cáscara cantando bachata…  Cuando vi un aguacate llorar porque quería ser esbelto y de pequeña semilla…  Cuando el olor de las cebollas se transformó en perfume de sandía, cuando las piñas decidieron vestir su cabeza con extraño sombrero…  Cuando las mazorcas de maíz, en fila, se inscribieron en la escuela…  Cuando los huevos dejaron de ser frágiles y los limoncillos se declararon cuadrados…  Cuando las naranjas sabían a toronja, las toronjas a limón y los limones a naranja…  Sin sorprenderme hasta vi las berenjenas cambiar de nombre, vi volar a las auyamas y vi a las remolachas tornarse amarillas.
            Entonces entendí que el mundo es de verdad y de mentira, que es casi lo mismo al derecho que al revés, que lo que es ya fue y lo que será también.
            La palabra afirma y nos reafirma.  Dueña de todos los caminos, celosa de su destino innegociable, la palabra es libertad.  Mientras, la fantasía, que ignora nuestra condición de isla, nos regala el planeta entero y, según la ocasión, nos coloca alas o calza zapatos, nos viste de nubes o nos viste de  estrellas, tal vez, además, con  peces en el pelo.
            Muchas gracias por este día del 2014 que para siempre guardaré inscrito como inmensa sorpresa inolvidable.








LUCIA AMELIA CABRAL  A Lucia Amelia le hace feliz pregonar que es dominicana, que ama su país, que fue el de sus padres, tíos, abuelos, bisabuelos, y más allá en la fila de sus antepasados.  Es la patria además de su esposo, hijos, nietos y hermanos, de su cotidianidad, su trabajo y sus sueños.  Su encantamiento con la literatura para niños es responsable de su más vital entusiasmo.  Ha publicado hay cuentos que contar (1977), Gabino (1979), Sorprendido, el plátano  (1984), dos ediciones de El camino de Libertad (1999 y 2011), Carmelo (2002), Mi Abecedario (2011), Dime tú, que digo yo (2011) y Soy el rio (2011), además de sus cuentos andar sus propios caminos en ediciones colectivas.   

lunes, 11 de marzo de 2013

LUCIA AMELIA CABRAL: CORAZÓN MAROMERO Y TRAVIESO VERBO

Para enfocar la imaginativa cuentística de Lucia Amelia Cabral, hace falta tener un corazón maromero con sentimientos multicolores.

Digo tales cosas porque la interacción de sus humanos personajes con animales y objetos es tratada parecidamente. La imaginación da vida a la materia inanimada.

Una escobita, una piedra azul, un pan de agua, una ballena, una silla de guano, una sirena montuna… variados y distintos son igualmente, personajes salidos de sus cuentos.  La gracia de la autora reside en la espontaneidad con que maneja cualquier fenómeno. Como si lo contara usando la ternura firme de una aromática canela.

Cuenta cosas como una convencida de su creencia y con tal envoltura atrae al lector prisionero inmediato de su contar. Es una naturalidad cargada de metáforas y poesías en sus mejores oraciones. 

Para apreciar los valores artísticos de su producción leímos tres cuentos magníficos: Gabino, el caballo trotador que entre aventuras llego al asombro del mar, Carolina y La Sirena del Monte.

El mar es un espectáculo recurrente entre los descubrimientos y amores de varios otros personajes de Lucia Amelia Cabral; La Sirena del Monte, y el Juan en Carolina también son hechizados por la inmensidad de agua salada.

Deduzco yo que la fascinación del horizonte de marinos colores, la ondulación espumante del oleaje, son fuertes atractivos para lo propia escritora como si no escapara de su nación isleña bastando tres costados para soñar con sal, caracoles y arena.

En la adaptación del cuento Carolina, original de Ignacio Colom, Lucía Amelia Cabral  describe a Juan el pescador diciendo que…
         
“Goza su oficio rodeado de mar. Día tras día, sus ojos navegaban el agua salada y profunda para en cada mirada regalarle al mar su alma amiga”.

La Sirena del Monte es un cuento  original de Lucia Amelia.  Es un relato exquisito y perfecto en su forma. No sobra una palabra porque todas se atan como engarces de una prosa sugerentemente poética.
         
“Feliz él, se acercó amistoso y con su música de olas rompió la espera. Arremolinando a los pies distintos de ella, tantas respuestas de espuma blanca”.

Un cuento que posee el misterio de la acción junto al misterio del lenguaje. Vemos como nos da pautas: “a los pies distintos de ella”,  sin revelar el final. Intriga, obliga a esperar cuatro oraciones más antes de develar la presencia de una ciguapa que ya no será más sirena del monte. Bellísimo cierre del cuento.

Un curioso artificio creativo “El Bellaco Juan” es todo un personaje, no es marinero ni un mito, es un tostado pan de agua.

De sus últimos cuentos citamos:

A.    Monte él, a ella pertenecía (La Sirena del Monte)

B.     …Y su larga melena que la vestía (La Sirena del Monte)

C.     En eso un celaje azul plomo le puso maromero el corazón, sentir muy fuerte la magia del amor (Coralina).

D.    Ella que su sed calmaba.

E.     Únicamente si sabes de ti mismo apreciar, podrás el aprecio de los demás, recibir. (El Bellaco de Juan).

F.     Eran unas muñequitas encantadoras, el encanto de su encanto algo de mágico tenía (Leandra y Andrea).

El estilo en el quehacer literario, es tal vez la cualidad estética más importante del oficio. Cualquier relato vulgar (en su buen sentido), puede tornarse en escritura artística con la aplicación de un lenguaje cargado de originalidad  y buen gusto.

La repetición puede caer en el vicio de la cacofonía. Sin embargo, Lucia Amelia hace buen uso de ella, utilizando con gracia la anáfora, esa repetición de una o varias palabras al comienzo de una serie de oraciones, buscando un ritmo algo clásico. Ejemplo: De La Lección de la Silla de Guano al Presumido Burrito:

A.    “No eres  menos. No soy más. Ni más ni menos, igual necesitamos cuatro patas para estar en pie. Ambos igual nos visten de guano. Ambos igual. Igual se acomodan en nosotros”.

B.     “Trota, trota, trotador que cabalgando caminos conocerás lo mejor. (Gabino, el andarín potrico).

Otro recurso que enriquece la prosa de Lucia Amelia es su fantasía al mezclar lo concreto con lo abstracto en muchos momentos de su escritura y pongo los ejemplos a la mano:

a.     “¡Como confundir sus diez y ocho metros de verdad y desvelos!

(De Coralina, refiriéndose a la ballena madre).

C.     Al  compás del convite de las aves de la foresta que sembraban de trinos y vuelos cada espacio de su mundo  magnifico.

D.    “Entonces lo oyó. Entonces lo olió.  Entonces con aire entrecortado. Comprendió que había llegado. Él clavó sus ojos sorprendidos. Ante él detuvo sus prisas y temores”.     

(Es la impersonificación de la ciguapa frente al asombro del mar).

Su producción está avalada por una creatividad nata y el mensaje del lenguaje con gracia personalidad. La obra de Lucia Amelia no es muy extensa pues su dedicación al trabajo de impresión y diseño, colman diariamente su tiempo laborable disponible. Trabajo, que dicho sea de paso, solo ella con su singularidad agrega a cada encargo gracia y distinción, asegurándose que no habrá en el mercado de impresos nada que lo iguale. A nuestro pesar, la literatura infantil y juvenil, la literatura en general, pierde esa creatividad que nos roba la editora.

Para resumir las cualidades de Lucia Amelia Cabral bastaría oírla leer un texto con las modulaciones de su voz articulada, con melodiosidad y encanto porque en esas cualidades residen al unísono la calidad de su escritura. En ambas actividades sobresale la femineidad evidente y auténtica volcada hacia la juventud y la niñez.

Una cosa retrata la otra para que ambas se fundan en la Lucía Amelia que apreciamos y admiramos en esta ocasión.

Aida Bonnelly de Díaz

La Romana

Sábado 26 de octubre de 1996.

martes, 31 de enero de 2012

A la orilla de la mar




Lucia Amelia Cabral

Preciso, sagaz, Rafael Peralta Romero ama el reto.  Hace suyo el espacio en blanco y lo construye.  En ese oficio ignora confines.  Cuenta, pauta y deslumbra.  Suelta las amarras.  Arma el escenario.  Espabila la inventiva,  templa sus palabras preferidas.  Y la historia real y genuina se hace para siempre posible.  Cuenta para los niños, para los jóvenes, para los mayores.  Cuenta corto, cuenta largo, con manifiesta intención de convocar.  Si ha de asustar, asusta.  Si cabe la provocación, provoca. Hace reír cuando toca reír.  Afinca y avanza.  Sin ñoñerías, sin repugnancias, sin pesimismo, se alza chispeante su prosa.  Ajena a cabos sueltos, se enseñorea en el salobre territorio de los recuerdos y la fantasía, como en el caso de esta fecha especial, a los pies mismos del mar.
De agua clara, de arena tibia, de magia y espuma, la narrativa de Rafael Peralta Romero transforma lo cotidiano.  Torna lo sencillo en una experiencia para compartir, en una ocasión irrepetible por la ruta del destino memorable.  Su palabra certera dispara su desbordante gozo de contar, para espigar su propia esencia y conectar con la vida de manera muy singular.   
Un ejercicio muy lúcido, muy puntual, en horario de luna y sol, le sirve de tinglado a su arte de escribir. Su factura limpia, irrenunciablemente pulida, airosa, tiene arquitectura de estilo, con curiosidad de mañana que asoma en la cama del mar amigo.  Rafael Peralta Romero construye, deconstruye y reconstruye, cara a cara a la imaginación y la realidad, al mito y la verdad para endosar el mundo presente, el que fue y el que vendrá, el que nos reúne y une.  Proclama la suya de literatura dominicana y universal, de hoy y después.
Agradezco emocionada esta tarde de invierno sub-tropical que nos ha traído a la vetusta casa de la Academia Dominicana de la Lengua por convocatoria de A la orilla de la mar, que ha sabido valerse de su titulo sugerente y hermoso.  ¿A la orilla de la mar?  ¿De qué mar?  El de Miches, sede de la nostalgia del amigo Rafael y puerta atlántica a la esperanza azul de muchos dominicanos. 
Deliciosa marina travesía esta, cobijada en la amistad con la naturaleza amable y el viento bueno en la playa del recuerdo, que al atardecer se pinta de fulgurante costa del imaginario.  Esta última obra de Rafael Peralta Romero, que agrupa diez textos fascinantes, tiene además el apoyo precioso de Ana María Cöen, una celebrante de todos los tonos de la acuarela, quien aparentemente también ha descubierto los secretos del mar con el mismo fervor que el de las cayenas y palmeras, aves y nubes del cielo. 
Qué magnifico inicio es Boquita para invitar a descubrir los encantos de A la orilla de la mar.  Hasta me enseñó –confieso que lo desconocía- el grave asunto de la paternidad irresponsable de los maqueyes, dolorosa realidad que se suma a la vida de transeúnte, de nómada histórico del maquey.  Boquita, desconchado, transita por los peligros de la vida, hasta que finalmente pudo escapar de la tristeza, gracias a un niño de mar.
En el pueblo de Los Uveros no quedó duda de que el mal puede ser derrotado.  Tenía que ser así en los dominios del abuelo, donde reina su ejemplo, su cariño, su palabra, como voz clara de la autenticidad de la nación dominicana.  Esa complicidad con el abuelo es de hierro, vale decir, imbatible, aunque su textura sea la ternura.
Mediopeje es propiamente un monologo, tremendamente actual, donde triunfa, porque tiene que triunfar, el ser sobre el tener.   Cuenta de una realidad inevitable, en un inventario de dones y certezas donde se sobrepone la fuerza del pensamiento agudo, salpicado de sutil humor. 
Día de San Juan, es retrato del amor al terruño, a los antecesores, privilegiada geografía de preguntas y respuestas, a la vera de la tradición que se pierde empalidecida.  
La espuma del centollo, Un loco en Cocoloco, El singular viaje del intrépido Caribe, alucinante trayecto encima de una ballena del pez que al final prefirió regresar a las aguas tibias del sol, de los afectos y del español, son otras más de las historias de Rafael.  Se suman El día que la mar se echó para atrás, como un gato cuando encrespa el lomo, La cangreja triste, crustácea contadora de visiones y relatos, salvada por tinos del destino y El carro submarino, donde nueva vez la figura del abuelo se eleva en protagónica camaradería.
Asertivo, con gracia omnipresente de diáfano humor, Rafael Peralta Romero en cada una de estas historias engancha directo con el lector, desde el más joven al de largos años. Le invita cálidamente, con el anzuelo de sus preguntas y exclamaciones, a sumar su propio parecer, a ser proactivo, de la mano con el autor.  Mientras, su innegable oficio de narrador exhibe un equipaje de norte irrehuible, siempre desprovisto de remiendos, enemigo de titubeos, dueño victorioso del ritmo narrativo que nunca pierde ni se arremolina.  La literatura para niños y jóvenes de Rafael Peralta Romero es reivindicativa.  Nos da raíces, nos levanta en alas.  País el suyo de cimbreantes cocoteros, del abuelo y luz rutilante, de tradiciones y amistad, de peces y cangrejos y, más aún, de futuro que, como el mar, desde el horizonte, puede deslizarse hasta llegar a nuestros pies.
La palabra escribe la historia.  Escrita está a la orilla de la mar.  En expresión de Liliana Bodoc, autora argentina, “la palabra es fundamento de la condición humana.  Hay que volver a apasionarse con las palabras: las palabras pronunciadas, las palabras escritas, el origen de las palabras, el cambio de las palabras, la mentira de las palabras. En realidad estamos hechos de eso, en gran medida.”  No puede existir la vida, digo yo…“la buena literatura”, dice ella, “sin lo indispensable, volver a enamorarnos de nuestra lengua y de nuestras palabras.” Rafael Peralta Romero lo sabe, lo trabaja y lo pregona.


 Con ocasión de la puesta en circulación de
“A la orilla de la mar” el  17 de enero de 2012

martes, 30 de agosto de 2011

ACABADITOS DE SALIR DE LA IMPRENTA








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